Los mineros vuelven al mundo y recuperan historias y afectos

Las familias viven momentos de expectativa, emoción y regocijo en el campamento Esperanza, un reducto de carpas expuestas a las inclemencias del desierto donde la mayoría de ellos llevan viviendo más de dos meses a la espera de este día. Uno a uno los mineros van saliendo y se funden en un abrazo con sus padres, esposas e hijos.

Las familias viven momentos de expectativa, emoción y regocijo en el campamento Esperanza, un reducto de carpas expuestas a las inclemencias del desierto donde la mayoría de ellos llevan viviendo más de dos meses a la espera de este día. Uno a uno los mineros van saliendo y se funden en un abrazo con sus padres, esposas e hijos.

Entre ellos se destacan los parientes de Jorge Galleguillos, reconocido como el contingente más numeroso de familiares. Nacido en Tierra Amarilla, parece que la mitad del pueblo vino a esperarlo. Galleguillos es perforista y fue el undécimo en ser rescatado. Además, es el folclorista del grupo. Durante las celebraciones por el Bicentenario de Chile pidió una guitarra, pero dadas las dimensiones del túnel de sondaje debió quedarse con las ganas. No es lo único que tiene pendiente ahora que recuperó su libertad: su nieto nació el 31 de julio y todavía no lo ha visto.

Otro que tiene una cita importante es Mario Gómez: va a casarse. El más viejo del grupo tiene 63 años y trabaja como minero desde los 12. Sufre de un trastorno respiratorio e hipertensión. Al ser rescatado se arrodilló y comenzó a rezar en medio del silencio respetuoso de los rescatistas. Su esposa, Lilian Ramírez, anunció que el próximo 7 de noviembre, día del cumpleaños de Mario, se casarán por Iglesia, tal como él se lo pidió en una emotiva carta desde la mina, tras más de 30 años de vida juntos.

Otro punto de color lo pusieron los familiares de Carlos Mamani, boliviano y único extranjero entre los mineros atrapados. Con banderas de su país, los que no pudieron subir a recibirlo, esperaron pegados a los televisores instalados en el campamento cantando y aplaudiendo, presas de al emoción.

Mamani llevaba sólo algunos días trabajando en la mina y en el momento del derrumbe, estaba cumpliendo con su primer turno. En su país se dedicaba a la agricultura.

Tras salir de la mina se fundió en un emotivo abrazo con su mujer. «Gracias Señor», tenía escrito en su remera. Y al llegar al hospital de Copiapó, se emocionó al saludar al resto de sus familiares que llegaron desde Cochabamba para verlo. Una funcionaria del hospital se ofreció a darles alojamiento. «Muchas gracias mineros chilenos que cuidaron a mi hermano», dijo el presidente Evo Morales. «El pueblo boliviano jamás va a olvidar este esfuerzo», agregó.

El último en ser rescatado será el «capitán del barco», el mítico Luis Urzúa. Fue uno de los estrategas del rescate y el líder natural del grupo. Tiene 54 años y 31 de experiencia como minero. Es dueño de una historia dura y admirable.

Su padre, llamado igual que él, murió asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet cuando él era casi un niño. Pertenecía al Partido Comunista. Su padrastro, Benito Tapia, también fue asesinado en la «caravana de la muerte». Pertenecía al Partido Socialista.

«Mi hijo siempre fue muy disciplinado, en la casa era el que llevaba la batuta. Como mi marido murió cuando ellos eran pequeños, Luis ha sido el hombre de la casa, el que me ayudó a criar a sus seis hermanos», contó su madre, Nelly Iribarren, en una entrevista al diario chileno La Nación.

La esposa de Luis es también su prima hermana. «Tenemos la misma edad. Nos criamos juntos, compartíamos mamadera. Cómo él quedó huérfano mi familia ayudó a criarlo a él y a sus hermanos», dice la mujer.

«Mi madre era maestra y nos inculcó la idea de que había que estudiar y progresar en la vida. Yo soy psicóloga y Luis, topógrafo. El no para jamás. Consiguió un buen trabajo, pero como le quedaban varios meses hasta comenzar, no quiso quedarse sin hacer nada y tomó un puesto temporal en la mina San José. Así fue como se metió en esto», se lamenta.

Durante estos 70 días Urzua fue el piloto de tormenta. «Yo me imaginaba cómo mi negro debía estar dando vueltas por el refugio pasando lista a sus compañeros, racionando la comida y entregándoles labores, porque él es así, mandón, pero ordenado”, asegura su madre, de 78 años, que por problemas de salud debe seguir el rescate por televisión.

Luis hasta debió ocuparse de la contención médica de sus compañeros, ya que era uno de los dos trabajadores con conocimiento de primeros auxilios.

Su hermana Nelly Tapia se emociona. «Estamos felices y emocionadas por todo lo que ha sucedido, hemos gritado y llorado de felicidad. Lo único que queremos ahora es que vuelva, porque él no es sólo héroe de los mineros, acá en la casa también es nuestro héroe y nos hace falta”.

Las emociones se suceden y el campamento Esperanza empieza a respirar algo más que ilusión, es la más palpable felicidad.

Fuente: Clarin.com