15 abril 2024

La política ha muerto

 

Candidatos «salidos de la nada». Sistema electoral viciado: sin debate, sin participación, sin partidos políticos. El dedo y los intereses.

Decía el General que “hay que hablar mucho de las ideas, poco de las cosas y nada de las personas”. Nada más acertado que este apotegma del General Juan Domingo Perón.

Sin embargo, llama más que la atención lo que ocurre en la actualidad con el abuso de la libertad que otorga la Democracia, pero que de ella (gobierno del pueblo) sólo se conservan algunas formas y muy poco de fondo, especialmente con las cuestiones relativas al debate de ideas y participación efectiva del pueblo en la vida política del país.

Candidatos a presidente, a gobernador y a legislador, “salidos de la nada”

Resulta extremadamente curioso para aquellos que no están involucrados en los asuntos de «poder» o mejor dicho, en los asuntos de instalación de candidatos o caras visibles que ocuparán lugares de poder de decisión,  que hasta hace no más de dos años, el anarquismo minarquista era una ideología liberal distópica desconocida para las grandes mayorías (y continúa siéndolo).

Es que, como salido de la lámpara de Aladino, apareció un tal Javier (sólo para nombrar un ejemplo dentro de muchos candidatos dentro de las listas sábanas), quien no existía en el ámbito de la política Argentina y sólo había transitado espacios mediáticos, como un panelista económico más.

De un día para el otro, no se sabe por la decisión de quién (para el público lego) comenzó a aparecer en todos los canales de televisión de los principales medios de comunicación, nada menos que candidateándose para presidente de la Argentina. Ni siquiera pagar un “derecho de piso” como decían nuestros padres y abuelos. Pasamos rápido del anonimato a la fama en un chasquido de dedos mediático, para pasar por la Cámara de Diputados y si ganara (Dios lo impida), a la Presidencia del país.

Al menos, para un observador ajeno a la política, es extremadamente rara y curiosa esta situación “paracaidista”.

No es por mérito propio

Si cualquier ciudadano argentino quisiera lograr este ascenso meteórico o esa rápida bajada en paracaídas al poder descripta arriba y hacia los máximos puestos del Estado, le sería imposible en un 99% de los casos, a menos que tenga muchos millones para invertir en esa carrera. En el país hay cientos de miles de militantes y dirigentes que nunca llegan ni siquiera a un puesto de administrativo en el Estado y han militado toda la vida gratis, por y para el pueblo.

La diferencia con estos candidatos es notable. Es que evidentemente alguien los empuja, alguien los apoya para que lleguen tan rápido a la cúspide del poder, o al menos, al centro de la escena mediática.

Sistema electoral corrompido

Desde la eliminación real de los partidos políticos como centro de debate y reunión ciudadana, atomizados en pequeños emprendimientos políticos; para pasar a un “frentismo” mediático que es un amontonamiento de a ver quién puede más para llegar al Estado para apropiárselo como botín, vaciado y viciado de ideas y propuestas, ambiente anárquico, arribista y mafistoide, todo debate político de ideas se trasladó a una pantomima mostrada por los grandes medios de comunicación y configurado todo previamente con asesores de imagen (incluyendo peinados extravagantes) y de discursos predefinidos.

Todas las palabras, frases y discursos están previamente analizadas y estudiadas. De esta forma, la sorpresa se la lleva el pueblo con frases altisonantes, broncas simuladas y mucha actuación. 

Los candidatos no son más elegidos por una interna partidaria después de un intenso debate y participación ciudadana, sino que simplemente son elegidos entre 4 paredes para tener exposición mediática y favorecer determinados intereses, y sólo con ello, luego de un larga actuación y publicación de encuestas a su favor que nadie sabe bien si son reales, ser votados por el pueblo para llegar al Estado. 

Cambio de reglas del juego

Otro síntoma de corrupción electoral es el cambio de reglas electorales a punto de celebrarse elecciones. Un ardid para facilitar la coyuntura al interés de unos pocos. Se instrumentan mecanismos de boletas acordes a los intereses particulares de candidatos que ya están con mandado en alguna jurisdicción, y/o NO se instrumentan medidas para que haya igualdad de oportunidades para TODOS los candidatos en la contienda electoral. Un sistema electoral absolutamente subordinado a los intereses políticos y económicos, pero ajeno al pueblo. CERO libertad e igualdad, mucho menos «fraternidad».

El dedo político y los intereses

De Alfonsín a Menem (sociedad íntima y directa, pacto de Olivos); de Domingo Cavallo a Néstor Kirchner (regalías de YPF); de Duhalde a Néstor Kirchner; de Néstor a Cristina Fernández; de Cristina a Mauricio Macri; de Cristina Fernández a Alberto Fernández; y de éste, aunque se resista e insista por su reelección, a Rodríguez Larreta. La dictadura del dedo político es clara. El dedazo al heredero falla poco y es determinante.

La Argentina de hoy poco tiene de democracia real, y mucho de “dedazo político”. La política hoy, es una especie de prerrogativa de sangre ideológica, elegida entre cuatro paredes y donde el mérito del dirigente como condición sine qua non ha prácticamente desaparecido. El mérito son los contactos allá en el norte, aunque cada vez más diluido, o incluso ahora allá en el oriente chino. También y por supuesto, funcionales a ese poder entre 4 paredes que siempre ordena las cosas.

Es que, en el interregno mencionado arriba y las transiciones pertinentes de gobierno, todos se procuran de una u otra manera, impunidad por sus hechos de gobierno. En nuestra Democracia hoy, queda muy poco de gobierno del pueblo.

¿Militancia o estafa piramidal?

Es así que la militancia política ha pasado, desde la destrucción de los partidos políticos, de ser un acto patriótico por el pueblo, a ser una actividad rentada por sí misma y una competencia de egos e individualismos. Un canibalismo político, ideológico y sectario. En caso de no ser rentada, lo será cuando llegue a un puesto en el Estado. El Estado “militante”. Todo en detrimento de la real carrera pública, destruyendo el Estado desde adentro. Hoy el concurso público, no es tanto demostrar saberes, sino ser candidato electoral (donde las propuestas reales interesan poco o nada).

La real militancia asimismo, ha prácticamente desaparecido, pues el cuadro político se forma sólo por auto voluntad en muchos casos y no por la formación impartida por el Partido o el Frente político. 

Si el militante recibe formación, ésta es ideológica, sesgada, subversiva, vacía de contenidos y valores.

El resto de la militancia política que queda, que lo hace porque cree en su candidato y las propuestas, sólo se limita a trabajar para ese candidato en su gran mayoría, esperando que éste pueda cambiar la situación una vez electo. Sin embargo, mucha de esta militancia se ha transformado en una especie de “hinchada de fútbol”, más que en un activismo político real.

En la maquinaria del proceso electoral se da un caso particular, en muchos casos el militante no sólo es gratuito, sino que en la mayoría de los casos ni siquiera recibe un «gracias» por parte del candidato o los dirigentes del espacio político para el que brinda su tiempo en el activismo político. 

El candidato aprovecha el trabajo gratuito del militante, es decir, es un símil a una estafa piramidal, bajo falsos argumentos de entusiasmo, en muchos casos vistiéndose de una comparsa alegre que desfila por las calles. 

Ese militante nuevo que llega o ingresa para apoyar un candidato, trabaja gratis haciendo propaganda y captando nuevos militantes para la causa electoral, sólo por la ilusión de un cambio futuro. El candidato se lleva todos los premios y los laureles, y por supuesto, la caja de dinero del Estado en caso de resultar electo y sólo compartirá sus frutos con aquellos de mayor confianza y cercanía, en el reparto de puestos. Negocio redondo. «Bernie» Madoff se haría un banquete.

Buenos militantes, otros sentimentalistas, otros melancólicos y otros «Dios proveerá”

En esas bases nobles todavía quedan muchos militantes y activistas de buena voluntad, que luchan por un cambio verdadero. Sin embargo, como dicen en la jerga callejera, en muchos casos “es una bolsa de gatos”, cuya mayor “actividad” política, se remite a las plataformas de redes sociales y mensajería de celulares, con muy poco compromiso real, con mucho anonimato e incluso violencia verbal y escrita, y la militancia no pasa a términos reales. Es una mera militancia del “televisor chico” llamado teléfono inteligente. 

También hay voluntarismos inconducentes, expresiones de deseo, delirios de grandeza, visiones apocalípticas y conspiranoides que tampoco sirven para militar realmente, es decir, no conducen a tener impacto político real y efectivo. 

Se ve en las bases poca acción conjunta y voluntad de unión horizontal fuera de los grandes frentes, muchos proyectos personales, cuando no, una desmedida apelación a cuestiones religiosas como: Dios y la Virgen proveerán o en su caso, excusas de todo tipo para evitar responsabilidades como: el trabajo, la familia, el yo no sé o el yo no puedo, los cuales abundan en gran cantidad. Por supuesto, también está el “yo no quiero”, bajo excusas de un pasado sufrido. En el fondo se esconden intereses oscuros, al igual que los candidatos que se aprovechan de la buena voluntad de los activistas, que hemos hablado en los párrafos anteriores.

Las estructuras y organizaciones intermedias, como anzuelo de un sistema piramidal y verticalista de intereses

Las organizaciones intermedias no son ajenas a este sistema verticalista y son principales artífices para su funcionamiento. Nuclean a las grandes masas en el pueblo. Sindicatos, Organizaciones de planes sociales, que de sociales no tienen nada, asociaciones civiles, clubes, incluso cooperativas, todas sometidas a la decisión privada de candidatos, a los cuales deben alinearse y con ello, llevar a todos sus afiliados, asociados y simpatizantes, a marchar forzosamente por las calles en apoyo a los candidatos y a votar. 

Las organizaciones intermedias se han transformado en la política “chiquita”, con enormes cajas de dinero, superando ya el billón de pesos anuales para las “Organizaciones Sociales” o haciendo los sindicatos negocios privados con cara benefactora hacia trabajadores en las cuales sólo se limitan a negociar una paritaria de aumentos de sueldos luego de una estrepitosa pérdida de poder adquisitivo caída por el agujero del ascensor, y/o causas benéficas donde el único beneficio se lo llevan sus secretarios generales o la presidencia de la asociación, cuando no, el mandamás de la cooperativa que negrea su actividad económica y administra planes sociales, todo promovido directa o indirectamente por el Poder Ejecutivo actual, llamando a esto, “economía popular”, que no es más que administración de miseria.

Falta de sensibilidad y conexión con el pueblo. La burbuja de la anti-política

La desconexión, por decirlo con un eufemismo, de todo el arco político para con el pueblo, no tiene paralelo con ninguna otra en la historia. Ya ni siquiera disimulan.

Han hecho de la política una antipolítica, un sólo mirarse el ombligo y cuidar sus propios intereses. Nada nuevo bajo el sol con estas palabras, sin embargo, la obscenidad llega a tal punto que se torna intolerable.

No es el único caso de ombliguismo político, pero es el más reciente y resonante.  Hay muchos otros ejemplos en el Poder Ejecutivo y todos los ámbitos del país. El sólo hehco de que una vicepresidente, luego del asesinato a sangre fría de un trabajador en ocasión de trabajo, publique y se compare con un intento fallido de homicidio en su contra, y los destratos correspondientes de la fuerzas de seguridad, politizando un asesinato de un trabajador según sus intereses electorales de coyuntura, como si su gobierno no fuera responsable de la terrible inseguridad en las calles, son el colmo, cuando no, una burla hacia el pueblo, de una “clase” anti política que está en su propia burbuja, totalmente ajena y opuesta al sentir popular.

La política ha muerto

Son ellos los que después de cinco décadas, han llevado al país al estado de anarquía y anomia total que se vive actualmente, controlada para su propio beneficio y paralelamente con la destrucción del pueblo. Sí, no hay duda, nuestro país está enfermo económica y socialmente.

Pero la política no está enferma, la política en nuestro país ha muerto. Han matado a la política.

Ahora gobierna la anti política. La anti política mató a la política. Ahora gobiernan las decisiones tomadas en espacios cerrados y aislados al pueblo “profano” como le llaman allí adentro. Ahora gobierna cualquier interés, menos el interés del pueblo.

No quieren debate real de los problemas. Y si no hay problemas, los inventan, pues los problemas, son el anzuelo para la anti política. 

Ellos siempre procuran que el problema sea eterno, porque va de la mano del conflicto continuo. El conflicto continuo es el leitmotiv de la anti política. El conflicto continuo va de la mano de una lucha estéril y vacía con el brazo armado de la ideología subversiva de valores. El conflicto continuo, distrae la atención y con ello evita dar soluciones a los problemas reales y de fondo. El conflicto continuo es el distractor. El problema es el negocio.

El sufrimiento y más precisamente la ignorancia de las causas del sufrimiento, es otro gran enganche, llegando incluso el sufriente a adorar a su victimario. El sufriente despojado de toda voluntad propia «cedida» a una representación vacía y viciada, se ahoga en la esperanza y la fe que tiene en su propio victimario, alienta y defiende a tal punto a su candidato/a, que incluso se daña a sí mismo y a su entorno.

Es por ello que no quieren debate de soluciones, es por ello que sólo quieren pelear por los intereses y es así que lógicamente, sólo tenemos una transición cada 2 años, de  representantes de intereses y sus ideologías respectivas, pero no representantes de los intereses del pueblo.

De esta manera sólo cabe mencionar que:

“Y dejo rodar la bola,
Que algún día se ha de parar…
Tiene el gaucho que aguantar
Hasta que lo trague el hoyo,
O hasta que venga algún criollo
En esta tierra a mandar”.

A este magnífico verso del Martín Fierro, sólo cabe humildemente agregar algo, no sólo debe ser uno, debemos ser muchos.

Sólo así, hoy en el día de la resurrección de Jesucristo, sólo así, resucitaremos a la política. 

Ariel Valloud
Grupo Labor Peronista